Cada vez que cambies de canilla, si coses con regularidad — y siempre después de trabajar con algo que suelte.
El forro polar, la franela, la guata, el rizo de toalla y el punto producen pelusa mucho más rápido que el algodón de tejido plano. El hilo barato, también.
Por qué importa más de lo que parece. La pelusa se apelmaza en la pista de la lanzadera y alrededor de los dientes de arrastre, donde se mezcla con el lubricante que haya y forma una pasta. Esa pasta cambia la forma en que el garfio recoge el hilo, y eso produce puntadas saltadas y fallos de tensión. La inmensa mayoría de las máquinas que entran en un taller necesitan limpieza, no reparación.
La rutina de dos minutos. Desenchufa. Quita la aguja, el prensatelas, la placa de la aguja y la cápsula de la canilla. Cepilla los dientes de arrastre y la pista de la lanzadera con un cepillo duro, y retira con los dedos lo que el cepillo suelte, en vez de soplarlo hacia dentro. Limpia los discos de tensión pasando entre ellos una tira doblada de tela limpia. Vuelve a montarlo todo con una aguja nueva.
No uses aire comprimido. Empuja la pelusa más adentro del mecanismo y puede meter humedad con ella.
No engrases salvo que tu manual lo indique. Muchas máquinas actuales están selladas y lubricadas de por vida, y añadirles aceite solo lleva lubricante a algún sitio desde donde puede llegar a la tela. Lee el manual antes de abrir el frasco.
Preguntas que la gente hace de verdad
Mi máquina no se ha limpiado nunca.
Hazlo ahora, y prepárate para sorprenderte con lo que sale. Si llevan años y la máquina va mal, una revisión completa compensa, pero límpiala primero, porque puede que ahí esté todo el fallo.
¿Hay que limpiar la remalladora más a menudo?
Bastante más. Recorta tela mientras cose, así que genera recortes sin parar. Límpiala después de cada sesión, no de cada proyecto.
Última revisión: 2026-08-11