Usa el plano de corte impreso en las instrucciones para tu talla, tu versión y tu ancho de tela: existe porque las piezas caben realmente así.
La línea de hilo primero, siempre. Cada pieza lleva una flecha larga de doble punta. Mide desde cada extremo de esa flecha hasta el orillo e iguala las dos distancias. Una pieza cortada fuera del hilo se retuerce con el uso y no hay plancha que lo corrija. Esta única comprobación vale más que cualquier otro paso de la colocación.
Escuadra la tela antes de empezar. Dobla siguiendo una hebra, plancha y tira en diagonal si los bordes doblados no quedan lisos.
Pelo y sentido. En pana, terciopelo, telas cepilladas y cualquier estampado direccional, todas las piezas deben apuntar en el mismo sentido. Eso exige un plano «con pelo», que gasta más tela: consulta en la tabla de necesidades la cifra con pelo, no la normal.
Encaja primero las piezas grandes y luego mete las pequeñas —vistas, bolsillos, puños— en los huecos. Mantén las piezas juntas pero sin invadir nunca las líneas de corte.
Comprueba que tienes todas las piezas y el número correcto de cada una antes de cortar. Dos delanteros, una espalda al doblez, cuatro piezas de puño. Una pieza cortada una vez cuando había que cortarla dos se descubre cuando ya no queda tela.
Usa pesos en vez de alfileres siempre que puedas, sobre todo en telas finas o plastificadas. Los alfileres deforman la pieza y dejan agujeros.
Corta los piquetes hacia fuera y traslada las marcas internas antes de retirar el patrón.
Preguntas que la gente hace de verdad
Mi tela es más estrecha de lo que supone el plano.
Usa el plano del ancho inferior más próximo, o coloca tú las piezas manteniendo cada línea de hilo paralela al orillo. Cuenta con necesitar más largo.
¿Puedo saltarme el plano para ahorrar tela?
Solo si mantienes correctos el hilo de la tela y el sentido del pelo. Casi todos los planos improvisados fallan en uno de los dos, y ambos se ven en la prenda acabada.
Última revisión: 2026-08-11