La gasa —el chiffon— no es difícil de coser: es difícil de tener quieta. Casi todas las técnicas para trabajarla consisten en controlar la tela, no en cambiar la máquina.
Córtala en una sola capa, sobre papel de seda. Extiende una hoja entera de papel de seda sobre la mesa, la gasa encima y la pieza del patrón sobre ella. Prende a través de las tres capas dentro del margen de costura, o usa pesos y un cúter circular. Doblar la gasa desplaza las capas y acabas con dos piezas de formas distintas.
Estabilízala si puedes. Un almidón ligero en espray, dejado secar, convierte la gasa en algo parecido a una batista mientras dura el corte y la costura. Sale con el lavado.
Usa una aguja microtex 60/8 o 70/10 e hilo fino de poliéster. Una aguja gruesa o roma empuja la tela hacia dentro del agujero de la placa.
Acorta la puntada a 1,5 o 2 mm y baja un poco la tensión superior. Cose sobre una tira de papel de seda y arráncala después: eso es lo que evita que la máquina se trague el borde de entrada.
Monta una placa de puntada recta si tienes una. El agujero pequeño y redondo sujeta la tela justo donde hace falta.
Usa costuras francesas en toda la prenda. La gasa se deshilacha al instante y una costura francesa encierra el canto por completo, lo que resulta más limpio y más duradero que cualquier remate aplicado después.
Cuelga la prenda un día antes de hacer el dobladillo. La gasa cortada al bies cede, y un bajo nivelado sobre la mesa no quedará nivelado sobre el cuerpo.
Preguntas que la gente hace de verdad
¿Qué dobladillo le va bien a la gasa?
Un dobladillo enrollado estrecho, con el prensatelas correspondiente o en la remalladora con nailon texturizado en las áncoras. Un dobladillo ancho pesa demasiado y tira de la tela hacia abajo.
Se me frunce la costura en la gasa.
Baja la tensión superior, usa una aguja más fina y cose sobre papel de seda. El fruncido aquí es casi siempre tela arrastrada en vez de alimentada.
Última revisión: 2026-08-11